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NO te dejes engañar, un DISCURSO con otra ACCION = FASCISMO
Marcelo Colussi

Esquemas clásicos y neoliberalismo

Cuando a mediados del siglo XIX Marx y Engels escribían el Manifiesto Comunista, no cabía ninguna duda que el fermento revolucionario de la sociedad industrial que tenían a la vista era la clase obrera. El llamado de “¡Proletarios del mundo, uníos!” tenía una lógica indubitable en ese contexto. Hablando de una sociedad altamente industrializada como la británica de ese entonces -marcando el ritmo del capitalismo ascendente que comenzaba a expandirse por todo el mundo y que sepultaba definitivamente al feudalismo en Europa terminando al mismo tiempo con otro tipo de formaciones económico-sociales precapitalistas en los países donde iba imponiéndose- se desprendía de suyo que esa clase trabajadora estaba llamada a ser el motor del cambio social en ciernes -que, se suponía en ese momento, incluso como casi inminente-.

En los países periféricos, en aquellos donde el capitalismo se abría paso pero que estaban lejos de estructurarse aún según el modelo ya triunfador en la Inglaterra decimonónica, sin una producción fabril considerable y, por tanto, sin una clase obrera industrial numerosa y organizada, surgía la pregunta de quién, y de qué manera, sería el elemento transformador. ¿Cuál es el sujeto revolucionario de los países con economía básicamente agraria? Pregunta que mantuvo en vilo la reflexión de los socialistas por mucho tiempo. ¿Es posible hacer una revolución socialista en un país poco desarrollado industrialmente? La realidad vino a responderlo: todas las experiencias socialistas surgidas hasta ahora en la historia se dieron en sociedades poco o casi nada industrializadas, con gran base campesina: Rusia, China, Cuba, Vietnam, Corea, Nicaragua.

Desde Latinoamérica, continente muy poco desarrollado en términos industriales en comparación con las metrópolis que le marcaban el paso, e incluso con una gran presencia de población indígena -lo cual abre otra compleja problemática paralela- surgieron muchas respuestas a esos interrogantes teóricos. La clase obrera industrial, característica dominante de los países industriales del Norte -europeos y Estados Unidos- es una realidad de los modelos de sociedades desarrolladas, con una gran producción dedicada a mercados ampliados, con tradición sindical, con poca población campesina. Y esa fue -¿sigue siendo?- la vena revolucionaria, el elemento llamado a cambiar las relaciones de producción -al menos así siempre lo concibió la teoría- a través de una acción transformadora, en lo político en principio, y a mediano y largo plazo en lo económico y en lo socio-cultural. Pero la experiencia de la mayoría de los países del mundo no fue por ahí: lo que predominó durante todo el siglo XX fueron sociedades agrarias, casi sin proletariado urbano, con poco desarrollo sindical, basadas en la producción agro exportadora o de productos primarios para beneficios de sus oligarquías y en precarias economías de subsistencia para las grandes masas, campesinas en su mayoría, sociedades que abren entonces interrogantes a la teoría marxista, no para negarla, sino para invitar a nuevos planteamientos.

Así fueron surgiendo, en distintas latitudes del llamado Tercer Mundo, nuevas reflexiones sobre estos temas: ¿cuál es el “verdadero” sujeto revolucionario?; ¿qué pasa cuando hay una clase obrera muy pequeña o cuando esta no existe?, ¿es posible el paso al socialismo en países enteramente agrarios? Líderes y pensadores socialistas dejaron importantes aportes al respecto: Mao Tse Tung, Ho Chi Ming, Ernesto Guevara, Patrice Lumumba, José Mariátegui, Franz Fanon, Julius Nyerere, entre otros -la lista es larga y de muy alta calidad- son algunos de los numerosos interlocutores de este debate. En ese sentido puede decirse que hasta la década de los 70 del pasado siglo, estos temas estaban en la agenda del campo popular y revolucionario de todo el mundo, dado que se vivía para entonces un clima de cambio y, de hecho, con el flujo de movimientos populares en ascenso en los países de base campesina del Sur, estas cuestiones estaban a la orden del día. Mientras tanto, el proletariado industrial de los países desarrollados del Norte por diversos motivos no había llegado aún a su cita con la revolución socialista.

La euforia revolucionaria de aquellos años fue respondida con brutalidad; al ascenso de movimientos populares y grupos de acción armada de los 60 y 70, con una Unión Soviética aún pujante y una República Popular China que despertaba actuando ambas como telón de fondo de esa marea transformadora que se movía por todos lados, siguieron en años posteriores represiones feroces (las dictaduras que bañaron en sangre Latinoamérica por ejemplo), sobre las que se erigieron más tarde los planes neoliberales. Con la caída del campo soviético, en la década de los 90 el triunfo del capital global (léase multinacionales con socios locales en los distintos países según los casos) fue absoluto, y la marea de cambios de décadas atrás quedó sepultada. Así, en la lucha entre capital y trabajo asalariado, para decirlo en términos de análisis marxista, triunfó el primero de ellos. El retroceso en los derechos de los trabajadores fue enorme; conquistas laborales obtenidas en gloriosas jornadas de lucha a lo largo del siglo se perdieron de un plumazo. La precariedad laboral se impuso por todos lados, en la industria próspera del Norte y en el siempre postergado y empobrecido Sur.

Así fue constituyéndose un nuevo panorama sociopolítico y económico del mundo: para los 90, para los inicios del nuevo siglo, la revolución socialista parecía haber “pasado de moda” ganando en preponderancia la lucha por la pura sobrevivencia, cada vez más difícil, dado que las condiciones laborales y de subsistencia en general se habían tornado desastrosas. Los sectores asalariados, a lo largo y ancho del planeta, quedaron golpeados e indefensos ante el capital que impuso leoninas condiciones de superexplotación. Para decirlo con nombre y apellido: contratos “basura” sin prestaciones laborales, tercerización o subcontratación, deslocalización laboral (eufemismo por expresar: condiciones de trabajo de terrible explotación en la región Sur del mundo donde no existen mayores controles), virtuales situaciones de esclavitud en muchos casos (27 millones de esclavos en el planeta según datos de la Organización Internacional del Trabajo), retroceso en las ocho horas como jornada laboral universal -en la Unión Europea se planteó recientemente llevar esa jornada a 60 horas semanales-, aumento del trabajo infantil (en vez de disminuir, crece el número de niños trabajadores y de niñez de la calle), sobreexplotación de la mano de obra femenina… Los éxodos internos de población rural que huye de la pobreza crónica de su medio hacia las grandes ciudades (dentro de su país o hacia otros países del Norte próspero, que ven como el sueño que podrá resolver sus vidas) son cada vez más grandes, más incontenibles. El resultado de ello son mega-ciudades que no dejan de crecer con cinturones de pobreza cada vez más inaudita. Hoy día, según estimaciones fidedignas, aproximadamente el 60 % de la población económicamente activa del mundo labora en condiciones de informalidad, en la calle, por su cuenta (que no es lo mismo que “microempresario”, para utilizar ese engañoso eufemismo hoy a la moda), sin protecciones, sin sindicalización, sin seguro de salud, sin aporte jubilatorio, peor de lo que se estaba décadas atrás, ganando menos y dedicando más tiempo y/o esfuerzo a su jornada laboral. El obrero industrial, entrevisto como el artífice de la revolución socialista un siglo y medio atrás, pareciera hoy una especie en extinción.

Ese contexto general y sus inmediatas repercusiones lo explica perfectamente Atilio Borón, refiriéndose a la experiencia latinoamericana, cuando dice que [el esquema neoliberal] “precipitó el surgimiento de nuevos actores sociales que modificaron de manera notable el paisaje sociopolítico en varios países. Es el caso de los piqueteros en Argentina; los pequeños agricultores endeudados en México, organizados en el movimiento “El campo no aguanta más”; el fortalecimiento de los sectores indígenas en Bolivia y Ecuador. Habría que añadir a los jóvenes privados de futuro por un modelo económico que los condena a su suerte. En fin, el neoliberalismo dio paso a la aparición de un voluminoso subproletariado que Frei Betto ha denominado “pobretariado” del cual hacen parte desempleados, subempleados y trabajadores precarizados e informales.”

Con lo cual llegamos a un planteamiento nuevo, quizá inconcebible hace 30 años atrás: ¿quién es hoy el sujeto de la revolución (que obviamente “no pasó de moda”) luego de estos cambios dramáticos en que los trabajadores han perdido tanto terreno? Fidel Castro se preguntaba recientemente: “¿Puede sostenerse, hoy por hoy, la existencia de una clase obrera en ascenso, sobre la que caería la hermosa tarea de hacer parir una nueva sociedad? ¿No alcanzan los datos económicos para comprender que esta clase obrera -en el sentido marxista del término- tiende a desaparecer, para ceder su sitio a otro sector social? ¿No será ese innumerable conjunto de marginados y desempleados cada vez más lejos del circuito económico, hundiéndose cada día más en la miseria, el llamado a convertirse en la nueva clase revolucionaria?”

Decíamos “planteamiento inconcebible” puesto que, en el medio de aquella marea revolucionaria de hace unos pocos años, con sus excesos si se quiere, pero tan llena de una energía que hoy pareciera hacer falta, jamás a nadie se le hubiera ocurrido pensar en una “heterodoxia” tan grande como que el catalizador del cambio social vendría dado por trabajadores desocupados, por “informales”. Con el nuevo escenario abierto por las políticas del Consenso de Washington, se abren nuevas preguntas. Quizá no sin cierto esquematismo, pero con una vitalidad definitivamente honesta y sana, desde una visión clásica del socialismo, años atrás se podría haber considerado a los sectores informales como parte de lo que se llamaba “lumpen” (término alemán utilizado por Marx e incorporado al vocabulario de las izquierdas para referirse a la marginalidad, siempre con un sentido un tanto despectivo). Y nunca, tanto en un esquema de revolución proletaria industrial con base urbana o de proceso campesino-agrario, esa “marginalidad”, ese sector informal, se lo pensaba como un factor de cambio.

Lo cierto es que desde hace algunos años, con el desarrollo de las políticas neoliberales de ajuste estructural y super división internacional del trabajo, el mundo fue tomando tales características que hicieron que el fenómeno de la marginalidad dejara de ser algo circunstancial para devenir ya estructural. Hoy día asistimos a la marginación ya no sólo del harapiento, del mendigo en la puerta de la iglesia, sino de poblaciones completas. Se habla de “áreas marginales” (los barrios precarios, las “zonas rojas”, que en muchas grandes ciudades latinoamericanas representan más de una cuarta parte de su población. ¿Acaso de verdad “están al margen”?). Si bien nadie lo dice en voz alta la lógica que está en la base de esta nueva exclusión parte del supuesto de “gente que sobra”. Estamos ante un mundo dual: uno oficial, el integrado, y otro que sobra, marginal, excluido de raíz.


Un nuevo sujeto social

Ahora bien: ¿de qué manera ese “pobretariado”, ese variado abanico de marginalizados y empobrecidos, quienes obviamente siguen siendo trabajadores pero que están cada vez más a merced de las fuerzas del capital, de qué manera puede constituirse en la nueva clase revolucionaria?

Por lo pronto, centrándonos en la experiencia reciente de América Latina, vemos que esas masas empobrecidas muchas veces toman la palabra, y quizá sin una dirección clara, producen respuestas insurreccionales. Eso fue lo que pasó, por ejemplo, con el ya histórico “caracazo” de Venezuela en 1989 -primera reacción a las políticas de ajuste neoliberal-, o los alzamientos indígena-campesinos de Bolivia y Ecuador, que defenestraron sendos presidentes. O el descontento generalizado y amorfo de la Argentina en el 2001 que, tras los cacerolazos de protesta, terminó quitando al presidente de turno, y a otros varios sucesores en un breve lapso de semanas, al grito de “que se vayan todos”. Todas esas fueron reacciones populares que, vistas objetivamente, crearon climas pre-revolucionarios. Si no terminaron en procesos abiertamente revolucionarios -como pasó, por ejemplo, con la insurrección popular que en Nicaragua sacó del poder a Somoza en 1979 dando paso a la revolución sandinista- fue, básicamente, por la ausencia de conducción, por la desorganización imperante. Y algo similar sucedió en otras latitudes, por ejemplo la reacción de los inmigrantes afrodescendientes y musulmanes en París en 2005, que creó condiciones de rebelión social nunca vistas anteriormente, pero que quedaron en la protesta inmediata y visceral por la falta de una dirección conducente. La vaga idea de “multitud” surgida recientemente con las propuestas de Michael Hardt y Antonio Negri -que, por tan amplia, puede albergar en su seno tanto a empresarios y torturadores como a pobres y desempleados- no sirve. Las clases sociales, aunque golpeadas fenomenalmente por esta ola neoliberal, siguen existiendo, siendo el concepto de “pobretariado” una buena descripción del fenómeno de empobrecimiento generalizado, aunque no reemplaza la idea de lucha de clases como motor de la historia, sino que la complementa.

Todo lo cual plantea la pregunta -¿la duda?- respecto a las posibilidades reales de transformar todo ese potencial de disconformidad en una lucha clara por la toma del poder político y la construcción efectiva de alternativas superadoras en términos socioeconómicos. Ese “pobretariado” disperso, sin mucha cohesión como clase, más desesperado por la sobrevivencia cotidiana que las políticas de ajuste estructural le han impuesto que preocupado en proyectos políticos transformadores de largo alcance, en principio se ve como bastante disperso, desunido. Al respecto no puede dejarse de considerar que, ante tanta dispersión/desesperación y falta de proyecto, esas masas pueden terminar siendo fácilmente clientelas de las fuerzas políticas demagógicas y populistas de las derechas. No podemos negar que en muchos de los países latinoamericanos, merced a esa despolitización forzada a que llevó el neoliberalismo, agravada por los niveles de violencia cotidiana siempre crecientes (muchas veces manipulaos por las mismas derechas) ante lo que las respuestas mesiánicas aparecen como maderos salvadores, enormes cantidades de pobres -pobres de siempre, nuevos pobres, obreros desocupados, campesinos urbanizados en condiciones de precariedad, jóvenes sin futuro, etc.- han ido a parar a partidos y organizaciones de derecha (semi-fascistas en muchos casos), o a iglesias evangélicas fundamentalistas -siendo estas últimas una geoestrategia montada por Washington para contrarrestar la rebelde Teología de la Liberación de década atrás, y que hoy día ya se expandieron de forma alarmante por todo el continente-. Revertir esa situación de desmovilización y desideologización no será tarea fácil.

¿Qué hacer?
Hoy por hoy el proletariado como clase, como obreros industriales que operan las maquinarias en los enormes centros fabriles, no es mayoría numéricamente. Las nuevas tecnologías de automatización y robotización lo van adelgazando a pasos agigantados mientras el sector servicios crece sin par. Por otro lado, no hay dudas que se le ha golpeado muy duro como clase, tanto en el Norte como en el Sur, haciéndosele retroceder en sus conquistas laborales, desmovilizándolo, maniatándolo -ya sea por su asimilación como consumidor acrítico en los países con mayor poder adquisitivo durante largas décadas en el siglo XX y por su pérdida de conquistas sociales recientemente, o más aún, por la represión abierta cuando se pasa de la raya en sus reclamos, agravado ello en estos últimos años, más aún en el Sur-. Por otro lado, el campesinado de los países dependientes cada vez más queda subsumido a la producción agroexportadora que fijan las potencias del Norte en connivencia con las oligarquías del Sur, perdiendo su capacidad productiva para la autosubsistencia. En ese mercado internacional manejado por multinacionales planetarias su incidencia se ve reducida en este enfrentamiento asimétrico con los grandes capitales globalizados, con el consiguiente empobrecimiento que ello le acarrea. En síntesis: todos los trabajadores, industriales o agrarios, al igual que los otros sectores urbanos (sector servicios, profesionales), quedan cada vez más sujetos a las fuerzas de los insaciables capitales, por lo que el proceso de “pobretarización” avanza por todos lados. Cada vez más gente se “pobretariza”, se precariza. (1)(VER COMENTARIOS AL ARTICULO COMO ANEXO AL MISMO)

Ante ese panorama, y con realismo político, no hay más alternativa que tomar la situación político-social tal como está planteada y trabajar a partir de esos datos concretos. Esperar la movilización de las “grandes masas proletarias” para acometer una nueva toma “del palacio de invierno del Zar”… sería un dislate. La realidad impone que hoy la madera del posible sujeto revolucionario está dada por otra cosa: jóvenes desocupados de los barrios marginales, quizá muy próximos a ingresar en una pandilla, o madres solteras que sobreviven como vendedoras informales, quizá inmigrantes indocumentados o movimientos étnicos que reivindican su cultura ancestral así como sus territorios históricos de los que fueron despojados, campesinos sin tierra desposeídos de sus parcelas por los cultivos de agroexportación, habitantes de los interminables cinturones de pobreza urbana… Esa amplia sumatoria de descontentos y no un proletariado organizado sindicalmente pareciera ser hoy el verdadero fermento que puede encender procesos de transformación. Temáticas que algunos años atrás, no sin cierta cuota de dogmatismo, se veían como productos marginales (lumpen-proletariado), pasan a ser hoy la chispa que puede disparar cambios.(2)

El descontento, la angustia por las pésimas condiciones de vida, el malestar generalizado siguen estando. Las políticas neoliberales de estos últimos años vinieron a potenciar todo ello. Si por un lado sirvieron para quebrar procesos organizativos, por otro ampliaron la masa de disconformes, y en mucho casos desesperados, que “no tienen nada que perder más que sus cadenas”. De ningún modo puede decirse que el neoliberalismo fue una buena noticia para el campo popular pese a que puede haber abierto los ojos de muchos sectores. Creer eso sería incorrecto, y fundamentalmente: muy injusto. Pero es cierto que igualó hacia abajo a variados y enormes colectivos sociales, y ahora hay ahí un potencial de disconformidad, de descontento muy grande que debe saber usarse para encauzarlo con fines anti sistémicos. Descontento, en ese sentido, mayor que el de algunas décadas atrás.

La lucha que tiene por delante un planteamiento de izquierda es grande; grande y sumamente difícil: ante ese enorme descontento generalizado, ante esta precarización que toca cada vez a más sectores, las propuestas clientelistas de la derecha o las salidas individuales de salvación que ofertan los proyectos religiosos cada vez más en boga, son una tentación. La lucha revolucionaria hoy en cierta forma se enfrenta a esa oferta, a una parálisis de pensamiento crítico, a estómagos vacíos con la incertidumbre de no saberse cuándo volverán a llenarse. Ese es un desafío grande, enorme: las fuerzas de la izquierda se enfrentan hoy a la desesperanza. Ese es, en un sentido, el peor de los enemigos. (3)

El trabajo político en el campo popular ante esta bastante desoladora situación debe intentar recomponer una unidad entre los trabajadores hoy día sabiamente destruida. Son aquí elocuentes las palabras de Raúl Scalabrini Ortiz: “nuestra ignorancia fue planificada por una gran sabiduría”. Parafraseándolo podría decirse, viendo la situación mundial actual, que “nuestra desunión fue planificada por una gran unión”. (4).l capitalismo, que ya no el neoliberalismo, se muestra en la actualidad, luego de la caída del muro de Berlín, como sistema monolítico. Por supuesto que tiene fisuras, que hace agua, que su expresión financiera a ultranza entró en crisis recientemente ocasionando pérdidas multimillonarias; pero como sistema, insistimos, como gran capital globalizado, está aún lejos de caer. Pero no está escrito para la eternidad que no vaya a caer. Aunque el campo popular aparece hoy golpeado y bastante desorganizado, sigue estando presente. Y así como todo cambia, también las formas de lucha popular cambian. Lo que años atrás no se concebía sino como marginalidad -equivocadamente o no-, hoy puede ser un elemento de la más grande importancia por su potencial de transformación. Es ahí, entonces, donde los planteos progresistas deben poner el acento. (5).

Transformar revolucionariamente la sociedad, en definitiva, es eso: permitir abrir nuevas actitudes, nuevas visiones de lo humano, buscando mayores cuotas de justicia para todas y todos. Si el vehículo que posibilita eso es la clase obrera u otros sujetos sociales, ese no es el fondo último de la cuestión. Lo que sí está claro es que las sociedades basadas en la propiedad privada -invento bastante reciente en la historia de la Humanidad, con no más de 12,000 años de antigüedad-, es decir: basadas en la apropiación del trabajo de un grupo (siempre mayoritario) por otro (curiosamente siempre una minoría), crean necesariamente su germen de autodestrucción. Por años se pensó que eran los que creaban la riqueza, los obreros industriales, los llamados a poner en marcha el cambio y la superación de esas sociedades clasistas. Hoy día podríamos decir, dada la curiosa arquitectura que fue tomando el capitalismo imperialista en su variante neoliberal post Guerra Fría, que son los expulsados del circuito de creación de riqueza los elementos de mayor explosividad social. Pero sean quienes fueran los que pondrán en marcha los cambios, esa conflictividad está ahí presente como bomba de tiempo; y tarde o temprano, la bomba se activa, estalla. La función histórica de las vanguardias políticas de la izquierda es saber cómo ayudar a iniciar ese proceso. Todo indica hoy que trabajar políticamente con ese amplio “pobretariado” es el camino más importante en la actualidad, quizá imprescindible. Trabajar para recrear esperanzas, solidaridades, perspectivas de futuro, y poder salir de la lucha por lo puntual, por la pura sobrevivencia. (6)

El neoliberalismo imperante en estos últimos años, hoy en crisis, viene a demostrar en definitiva que lo que no tiene viabilidad es el sistema capitalista en su conjunto. Un mundo dividido en “integrados” y “sobrantes”, además de ser un disparate en términos éticos -eso no admite discusión siquiera- es insostenible en términos políticos, a no ser que se elimine físicamente a todo aquel que sobra. Y si por último esa fuera la estrategia que anida en los planes maestros del gran capital, es decir: un mundo para una pequeña cantidad de población y la consecuente eliminación de todos los que “sobran”, los que no “se integran”, los “pobretarizados” del mundo que consumen recursos pero no pagan por estar excluidos del sistema económico, por razones de sobrevivencia elemental de nuestra especie no podemos permitirlo.(7).

COMENTARIOS AL ARTÍCULO DE Marcelo Colussi PARA LA REFLEXION, INVESTIGACION Y DISCUSION CON MIRAS A LA ACCION REVOLUCIONARIA

1. / “Las clases sociales, aunque golpeadas fenomenalmente por esta ola neoliberal, siguen existiendo, siendo el concepto de “pobretariado” una buena descripción del fenómeno de empobrecimiento generalizado, aunque no reemplaza la idea de lucha de clases como motor de la historia, sino que la complementa”.

COMENTARIO 1
“El empobrecimiento general de la población es una consecuencia directa de la acumulación de capital. Su exclusión, marginalización y lumpenizacion es si se quiere la manifestación más clara de esta ley. Este amplio sector de la población es una masa semiproletaria que tiende al lumpen cuando sale definitivamente del proceso productivo y cae en la otra esfera de los negocios “ilegales y sucios” del capital: la delincuencia y los negocios “ilegales”.

La droga, el juego, la prostitución de todo tipo, la esclavitud, el robo y sicariato, el trafico ilegal de armas, paraísos fiscales, etc va convirtiendo a sectores crecientes de esta masa semiproletaria en instrumentos y mano de obra al servicio del capital, en todos los países del mundo, pero mas especialmente en Asia, África y América Latina transformando los Estados de estas regiones en los llamados Estados fallidos, policiaco- militares donde el narcotráfico, la corrupción se convierten en un factor de poder para repartirse con el gran capital los recursos y mercados de dicho país.
Se da un caso de acumulación de capital en beneficio de los centros de poder mundial permitiendo el surgimiento y alianza de nuevos sectores de la burguesía a partir de los “negocios sucios e ilegales” del capital, que son si se quiere una repetición en el siglo XXI de la misma violencia originaria que acompaño al capitalismo en sus etapas iníciales entre los siglos XV-XVII. El desarrollo de la boliburguesia en Venezuela es un ejemplo típico de esta alianza entre el Estado y la delincuencia en beneficio del capital internacional. De un lado, a partir de la entrega de los recursos del país y de la renta petrolera los militares y civiles boliburgueses acumulan capital que invierten en la compra de propiedades y activos que lo unen a la gran burguesía y por el otro junto al narcotráfico fortalecen su capital, y atacan a sectores medios del capital expropiándolos por las buenas o por las malas.

Las alianzas cada dia mas evidente de los Diosdado Cabello, Adan Chavez,Jessie Chacon, Arne Chacon. Pedro Torres Ciliberto, Jose Vicente Rangel con los Wilmer Ruperti, William del Nogal, Fernandez Berrueco y conocidos narcotraficantes como Farid Dominguez o Bermudez Herrera no dejan lugar a duda de esta tenebrosa y macabra alianza entre estos “nuevos”sectores del capital. La alianza corruptos estadales con conocidos narcotraficantes conformando el sector hegemónico del poder en el Estado venezolano actual es la expresión mas clara del carácter de Estado fallido del actual gobierno venezolano y este es precisamente su principal fortaleza, ya que cuenta con el apoyo de los centros de poder mundia.
Como el capital por un lado liquida y minimiza a la clase obrera y como hace uso de esa mano de obra marginada para sus “otros” negocios y fines de control social es una cuestión de extrema importancia en la política revolucionaria, ya que hoy por lo menos en Venezuela estamos asistiendo al desarrollo del crimen y la delincuencia como política del Estado venezolano a través del incremento vertiginoso de la delincuencia basada en una triple alianza de militares y policía entrelazados con la delincuencia y el aparato judicial en una red que opera con total impunidad y con el pleno respaldo del Estado. Esta política de fomento del crimen y total impunidad con los delincuentes al servicio del Estado (policías, CICPC, Guardia Nacional militares, sicarios, paramilitares,etc) no hay que verlo como debilidades o distorsiones dentro del Estado sino como una de las principales políticas de control social que se viene implementando en Venezuela y en gran parte se América Latina.

La policía comunal que hoy el gobierno comienza a ensayar en el país expresa la legalización y normalización precisamente de esta alianza delincuentes-militares-policías al servicio del Estados, protegidos por su poder judicial que hoy le sirve al capital no solo para el desarrollo de sus negocios, sino como un valioso instrumento de represión presto a ser utilizado contra todo movimiento social, en especial sus dirigentes cuando estos osen elevar sus protestas por sus derechos y reivindicaciones.
“En el Libro Primero de El Capital MARX formula " la ley general, absoluta, de la acumulación capitalista ". La ley que:
"produce una acumulación de miseria, proporcionada a la acumulación del capital . La acumulación de riqueza en un polo es al propio tiempo, pues, acumulación de miseria, tormentos de trabajo, esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto"
"Con la disminución constante en el número de los magnates capitalistas que usurpan y monopolizan todas las ventajas de este proceso de trastrocamiento, se acrecienta la masa de la miseria, de la opresión, de la servidumbre, de la degeneración, de la explotación"
Un profesor de Sociología, al que yo considero el Marx del siglo XX y que se llama Immanuel Wallerstein, ha enfatizado la validación empírica del pronóstico de Marx, más de cien años después de que fuera publicado. Diciendo que:
"Quiero defender la tesis marxista que incluso los marxistas ortodoxos tienden a enterrar avergonzados, la tesis de la depauperación absoluta (y no relativa) del proletariado.
Ya estoy oyendo los murmullos de los amigos. Seguro que no hablas en serio; seguro que te refieres a la depauperación relativa. ¿No está el trabajador industrial en unas condiciones notablemente mejores hoy que en 1800?. El trabajador industrial sí, o al menos muchos trabajadores industriales. Pero los trabajadores industriales siguen constituyendo una parte relativamente pequeña de la población mundial. La abrumadora mayoría de los trabajadores mundiales , que viven en zonas rurales u oscilan entre éstas y los suburbios de la ciudad, están en peores condiciones que sus antepasados hace quinientos años . Comen menos bien y ciertamente tienen una dieta menos equilibrada. Aunque tienen más probabilidades de sobrevivir a su primer año de vida (a causa del efecto de una higiene social destinada a proteger a los privilegiados), dudo de que las esperanzas de vida de la mayoría de la población mundial a partir del primer año de vida sean mayores que antes; sospecho que más bien sucede lo contrario. Indiscutiblemente trabajan más: más horas por día, por año, por vida. Y dado que lo hacen por una recompensa total inferior, la tasa de explotación ha aumentado fuertemente".(http://oaca.iespana.es/losfrutosmalditos.htm)

2. / “Esa amplia sumatoria de descontentos y no un proletariado organizado sindicalmente pareciera ser hoy el verdadero fermento que puede encender procesos de transformación. Temáticas que algunos años atrás, no sin cierta cuota de dogmatismo, se veían como productos marginales (lumpen-proletariado), pasan a ser hoy la chispa que puede disparar cambios”.

COMENTARIO 2


Es evidente que este proceso es hoy el más típico en el proceso de acumulación de capital. Si en la época de Marx, el surgimiento del proletariado era el producto mas típico de la acumulación que requería de mas mano de obra para incrementar la plusvalía, hoy con el desarrollo tecnológico, el precio del monopolio, el control de los mercados, la permanente inflación como expresión de ese precio de monopolio, la automatización y robotización, etc. el producto mas típico y permanente de la acumulación de capital es precisamente la marginalización y exclusión de masas crecientes de población trabajadoras que quedan cada día mas al margen de todo el proceso productivo, presionando no solo sobre el salario del trabajador empleado sino convirtiéndose en una carga y un costo ”innecesario” para el capital. La informalidad y los excluidos de todo proceso productivo son evidentemente la mayoría de la población mundial, especialmente en el llamado tercer mundo. Esta es una cuestión a tener en cuenta a la hora de analizar el problema del sujeto revolucionario.
El potencial revolucionario de este sujeto debe ser investigado, sin olvidar que la separación del trabajador del proceso productivo, donde este puede adquirir conciencia de su unidad, de su enemigo y de su clase, trae como consecuencia que en este informal y marginado la ideología mas reaccionaria como el fascismo o el populismo bonapartista tienen el mejor caldo de cultivo para su florecimiento. Este marginal y excluido se convierten en una suerte moderna del proletariado romano que vivía parasitariamente del Estado. Si se estudia con detenimiento el populismo político (Adeco) o el populismo militar (Chavismo), veremos que ambos tienen en la renta petrolera y la sombra del Estado su mejor terreno de crecimiento. ¿Puede existir y mantenerse Chavez sin esa renta petrolera?
El fenómeno del Chavismo, son la expresión de este sector social marginal y en proceso de lumpenizacion incluyendo en el a las “izquierda y derechas” degeneradas del proceso político venezolano y los militares como la expresión mas típicas del parasitismo social. Precisamente la “misión histórica” no solo en Venezuela, sino a nivel mundial de esta elite de delincuentes políticos y militares al servicio del capital, es ser los instrumentos del establecimiento del ansiado nuevo orden mundial bajo el control absoluto del capital financiero, las transnacionales, los fondos de inversión en estrecha alianza con la delincuencia internacional reunidos y aliados a través de la banca y los paraísos fiscales.
Chavez, como expresión de esta degeneración política de los personeros al servicio del capital mundial, no es una casualidad. Investíguese cuales son los orígenes y negocios de los Bush, Berlusconi, Sarkozy, El Rey de España, Putin, Calderón o Uribe y verán esa tendencia dominante del capital mundial de hacer uso creciente de militares (como delincuentes al servicio del Estado), ex policías, reconocidos corruptos o simplemente agentes de las mafias internacionales en funciones de gobierno.
Es indudable que de este sector social es de donde han salido la mayoría de las revueltas sociales en los últimos tiempo y es de esperar que de ese sector surjan las futuras, el problema político-militar a resolver es si se podrá transformar una explosión social nacida del estomago en la revolución mas grandiosa de la humanidad. Se puede hacer una revolución socialista, comunista sin por lo menos el sujeto histórico estar consciente del camino y fin de la revuelta. Sin relación con esa masa, sin programa de transformación, sin una organización no es posible transformar una revuelta por el pan, el trabajo y contra la inseguridad en una revolución victoriosa.

3. / “La lucha revolucionaria hoy en cierta forma se enfrenta a esa oferta, a una parálisis de pensamiento crítico, a estómagos vacíos con la incertidumbre de no saberse cuándo volverán a llenarse. Ese es un desafío grande, enorme: las fuerzas de la izquierda se enfrentan hoy a la desesperanza. Ese es, en un sentido, el peor de los enemigos”.

COMENTARIO 3

Y lo más grave es precisamente esa parálisis de pensamiento critico que engendra desmoralización, retrocesos y abandono de toda lucha cuando mas se requiere esfuerzo en esos pilares de la acción revolucionaria que significan:
Estudio e investigación de la realidad para transformarla,
Agitación y propaganda para elevar la conciencia y combatividad de la población y finalmente uso de todas las formas de lucha y organización en función del derrocamiento y demolición del Estado existente que abra curso al desarrollo de una revolución permanente que vaya acabando con el orden capitalista existente y vaya a la par construyendo una sociedad sin clases, ni Estado, ni trabajo asalariado, ni explotación económica, ni opresión política o ideológica en fin una sociedad mundial de seres humanos realmente libres, que hagan realidad el reino del Dios soñado y creados por los seres humanos, no en el mas alla de la muerte, sino en el mas acá de la vida.
El capitalismo domina hoy como nunca a nivel de todo el planeta. Ha establecido un verdadero gobierno mundial y ha decretado la guerra preventiva contra todo pueblo o clase social oprimida que amenace su orden establecido. Hoy mas que nunca la lucha de los obreros, excluidos y marginales del mundo tiene necesariamente que ser mundial en todos los terrenos políticos, económicos, militares e ideológico, sin reconocer fronteras como hoy es la lucha del capitalismo mundial contra la mayoría de la humanidad.

4. / “nuestra ignorancia fue planificada por una gran sabiduría”. Parafraseándolo podría decirse, viendo la situación mundial actual, que “nuestra desunión fue planificada por una gran unión”.

COMENTARIO 4


Este punto es de capital importancia para comprender lo que hoy ocurre. La historia en los últimos sesenta años, y mas especialmente de los últimos cuarenta es la historia de toda una política planificada por el capital internacional en especial las grandes multinacionales y la banca anglosajona. Estudiar el Papel del Consejo de relaciones Exteriores (C.F.R), la Comision Trilateral, el Club Bilderberg sus orígenes, planes y políticas por lo menos desde los anios setenta del siglo pasado nos ayudaría a comprender los acontecimientos que están pasando y entender como “nuestra ignorancia fue planificada por una gran sabiduría” y “nuestra desunión fue planificada por una gran unión”.
No se puede comprender la política y economía mundial de hoy sino se estudia como desde estos verdaderos centros de poder mundial se planifica la vida y muerte de la humanidad. No se tiene obstáculo en reconocer el poder mundial económico y financiero de los grandes bancos, fondos de inversión y compañías transnacionales y sin embargo se vacila o se niega como ese poder cuando se trata de su consecuencia mas directa e inmediata como es el control político, de los Estados y de los organismos de poder mundial. El propio capitalismo ha difundido la teoría de la conspiración para negar o minimizar la existencia de ese gobierno mundial. Si el Estado es como decía Marx: "El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía." Por que hay resistencia a reconocer que hoy cuando el capital domina todo el planeta, tenga en consecuencia un comité de administración mundial. Si la política y el Estado son las expresiones concentradas de la base económica de una sociedad, debemos comprender que al dominio mundial del capital financiero se corresponde la necesaria existencia de un Estado y Gobierno mundial, que como Estado, no es algo estatico o petrificado sino una relación permanente de fuerzas sociales en una diaria lucha no solo entre las clases antagonicas que lo componen, sino dentro las mismas clase, especialmente entre las clases dominantes por ampliar su ganancia, aumentar su concentración y centralización de capital y en consecuencia expandir su poder político para ponerlo a la disposición de sus intereses

5. / “Aunque el campo popular aparece hoy golpeado y bastante desorganizado, sigue estando presente. Y así como todo cambia, también las formas de lucha popular cambian. Lo que años atrás no se concebía sino como marginalidad -equivocadamente o no-, hoy puede ser un elemento de la más grande importancia por su potencial de transformación. Es ahí, entonces, donde los planteos progresistas deben poner el acento.

COMENTARIO 5


El uso creciente de la marginalidad y la exclusión para los fines de los negocios sucios del capital y de control social de la población en los barrios mas populosos nos plantea un problema político de capital importancia: Como desarrollar una política revolucionaria, de clases en un medio dominado por la violencia, el atraso político y sobre todo dominado por las diversas formas ideológicas del capitalismo, desde el consumismo el mercantilismo y el individualismo hasta la vida fácil y la consecución de los medios de vida por camino cada día mas alejados del trabajo en cualquiera de sus formas. Esta mentalidad de la vida fácil de conseguir al “diario pendejo que trabaje para mí” resumido en la celebre frase: “todos los días nace un pendejo el que se lo encuentre es de el”, es tal vez el principal enemigo ideológico el cual hay que enfrentar en la practica revolucionaria concreta. Dentro de la estrategia política de acceso a esa masa creciente de población marginal y excluida por el capital, el trabajo político dentro de los presos es una vía de relación con ese sector que no debe ser subestimada. La cárcel es si se quiere amen de la escuela del crimen es también el lugar donde se manifiestan con mas crudeza la contradicción del sistema capitalista con esa masa excluida, que no pocas veces desde esos lugares tiene que enfrentar al Estado por sus condiciones mínimas de sobrevivencia.
El problema de las formas de lucha y organización, y de acceso a esta masa creciente de la población excluida por el capital, tiene que ocupar un lugar de extrema importancia en toda política revolucionaria por dos razones elementales:
La primera, es que esta masa se convierte permanentemente debido a su situación de pobreza y miseria y en consecuencia de atraso político en un importante aliado político del capital. De su seno sale no solo el apoyo político del fascismo en los países desarrollados, sino del populismo y el bonapartismo de nuestros países, sino que a partir de ellos se nutren los cuerpos policiales, parapoliciales y paramilitares que conforman los principales grupos armados y de choque contra el movimiento de los trabajadores.
La segunda, es que esta masa es sencillamente la masa mayoritaria de la población en nuestros países, por lo cual es un sector que sin su apoyo o neutralidad benévola es imposible el triunfo de una revolución.

6./ La función histórica de las vanguardias políticas de la izquierda es saber cómo ayudar a iniciar ese proceso. Todo indica hoy que trabajar políticamente con ese amplio “pobretariado” es el camino más importante en la actualidad, quizá imprescindible. Trabajar para recrear esperanzas, solidaridades, perspectivas de futuro, y poder salir de la lucha por lo puntual, por la pura sobrevivencia.

COMENTARIO 6


De que el trabajo en este sector “pobretario” es importante, es algo obvio e innegable. Sin embargo esto no nos puede llevar a perder de vista la suprema importancia del trabajo en el seno del proletariado productivo, incluyendo la esfera de circulación y servicios y sin los cuales es imposible la existencia de cualquier sociedad y por ende de una revolución. En última instancia una revolución puede triunfar y mantenerse si logra el apoyo decidido y si se quiere consciente del trabajador productivo y colectivo. De lo contrario la derrota es inevitable.


7./ El neoliberalismo imperante en estos últimos años, hoy en crisis, viene a demostrar en definitiva que lo que no tiene viabilidad es el sistema capitalista en su conjunto. Un mundo dividido en “integrados” y “sobrantes”, además de ser un disparate en términos éticos -eso no admite discusión siquiera- es insostenible en términos políticos, a no ser que se elimine físicamente a todo aquel que sobra. Y si por último esa fuera la estrategia que anida en los planes maestros del gran capital, es decir: un mundo para una pequeña cantidad de población y la consecuente eliminación de todos los que “sobran”, los que no “se integran”, los “pobretarizados” del mundo que consumen recursos pero no pagan por estar excluidos del sistema económico, por razones de sobrevivencia elemental de nuestra especie no podemos permitirlo.

COMENTARIO 7


Esta relación entre la crisis y la necesidad del exterminio de masas crecientes de la población mundial por parte del capitalismo mundial, la expusimos en el articulo sobre la actual crisis financiera del capitalismo (http://www.soberania.org/Articulos/articulo_4864.htm),y que anexamos a continuación:
“INTRODUCCIÓN: AL CAPITALISMO LE SOBRA GENTE, Y A LA GENTE PARA CONSTRUIR UNA SOCIEDAD COLECTIVA LE SOBRA EL CAPITALISMO
La actual “crisis mundial’ ha puesto de manifiesto dos cuestiones de capital importancia, la primera es la inmensa capacidad del capitalismo para reorganizarse y adaptar la economía y sociedad mundial a sus intereses y necesidades, hasta el punto de planificar esta crisis, con la misma facilidad e impunidad con que organizaron y planificaron el derrumbe de las torres de N.Y. Lo segundo es la extrema orfandad ideológica y debilidad organizativa no sólo de la clase obrera, la clase históricamente llamada a enterrar al capitalismo, sino de quienes nos llamamos “movimientos revolucionarios”, en sus diferentes manifestaciones corremos el peligro de caer de nuevo en los análisis triunfalistas sobre la “inminente caída y derrumbe del capitalismo” que como en los años 30 del siglo pasado nos condujo a graves derrotas.
Hoy como ayer, “el muerto que vos matáis goza de excelente salud”. Hoy el capital financiero internacional desarrolla pública y abiertamente su “solución final”: La reducción de población, a escala de todo el planeta y establecer un nuevo orden mundial. Repetir los errores del pasado sólo pueden conducir a facilitarle al capitalismo y la burguesía mundial su plan de eliminar físicamente a una buena parte de la humanidad, que hoy les sobra como lo pregonan, desde- hace años- los sectores más recalcitrante del capitalismo mundial (Kissinger, Rockefeller, etc) que conforman el núcleo hegemónico del capital financiero internacional, encabezados por el capital anglo-sajón, pero íntimamente ligado al capital europeo, japonés, chino y los nuevos socios menores, aliados o si se quiere testaferros; como son los nuevos integrantes del G-20, encabezados por La India, Brasil, México, Arabia, etc.
La cuestión central de la crisis no está en sólo analizarla económicamente, invocando a Marx, Engels, Lenin, Luxemburgo o cualquier otro líder revolucionario del pasado que cumplieron en su época y de acuerdo a la situación concreta de hacer avanzar la humanidad en su camino histórico hacia una sociedad colectiva. Este análisis económico, no deja de tener importancia, pero el problema central es la cuestión política, o para decirlo en términos sencillos: DE LUCHA DE CLASES. El problema concreto para la humanidad asalariada y sufriente no es demostrar la vigencia o no del materialismo y la dialéctica, cuestión que nadie discute y que el propio desarrollo de la ciencia y técnica por parte del capital lo confirman a diario, tampoco de discutir la vigencia de tal o cual verdad de los líderes del pasado. A la humanidad no le interesa tanto la “transformación de la verdad, como la verdad de la transformación” En estos momentos de crisis y confusión cobra más vigencia que nunca aquella recomendación de Lenin de que “el alma viva del marxismo es el análisis concreto de la situación concreta”.
Lo más importante para todo aquel que luche por una sociedad colectiva es analizar la situación concreta de la crisis y deducir de allí las posibilidades de llevar adelante una revolución verdaderamente socialista. Esto implica no sólo el análisis de la clase o sectores sociales potencialmente revolucionarios en los cuales apoyar una revolución, de la táctica a nivel mundial que debe seguir ese movimiento y lo más importante el programa de transformación de acuerdo al desarrollo del capitalismo en este siglo. En concreto se trata de estudiar y participar en la lucha política, con miras de hacer una revolución o por lo menos intentar llevar al movimiento revolucionario de trabajadores, asalariados y excluidos a un nivel de lograr disputarle el poder al capital y la burguesía. Sabremos o no aprovechar la crisis para un nuevo intento revolucionario, ese es el objetivo político principal.
Para demostrar la viabilidad histórica de que el comunismo - como sociedad colectiva donde la producción este en función de la satisfacción de la necesidades de toda la población y no en función de las ganancias de una minoría- es posible hoy, basta citar una cifra: CINCO BILLONES DE DÓLARES que hasta ahora es el monto que a la humanidad le han arrebatado los banqueros mundiales y sus empleados de los gobiernos de los principales países del mundo por la vía de los rescates financieros, sin incluir el dinero estafado que puede ser una cifra superior, estos son un capital suficiente para comenzar la edificación de una nueva sociedad colectiva.
Basta con considerar que con menos de la cuarta parte de ese monto se pueden cumplir con las metas del milenio trazados por la ONU, y que eliminaría, hambre, miseria, una buena parte de las enfermedades, etc en todo el mundo. Si a la anterior cifra le unimos el derroche y despilfarro de recursos por parte del capitalismo mundial tales como: presupuesto militar, despilfarro energético, consumo suntuario y de lujo, gasto en droga y juegos, la investigación criminal en armas de todo tipo, etc. Veremos que son inmensas las cantidades de capital suficientes para el inicio de la construcción de una sociedad realmente socialista en marcha hacia una comunidad universal de seres humanos auténticamente libres de toda explotación económica, de cualquier dictadura política estadal, de clase y de cualquiera opresión ideológica. Para muestra obsérvese el siguiente cuadro:









Sin embargo hoy, el problema más urgente para la humanidad sufriente no es la edificación de una nueva sociedad colectiva como aspiración compartida, se trata de algo más elemental: luchar por la simple sobrevivencia, por cuanto la reorganización a la que estamos asistiendo del capitalismo mundial, es no solo por un nuevo reparto del mundo entre los grandes consorcios financieros-industriales encabezados por los fondos de inversión, los grandes bancos y las gigantescas empresas transnacionales, en función de una mayor concentración y centralización de capital y por ende una recuperación de la tasa de ganancia, sino que esta reorganización del sistema económico y financiero mundial, tiene un objetivo criminal, en la línea del Viejo Malthus: La reducción acelerada de la población mundial.
El capitalismo sufre de crisis periódicas y limitaciones propias de todo sistema de explotación rapaz, la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, la “crisis energética”, el límite de los recursos naturales, los problemas climáticos, pero como bien lo señalara Milton Friedman, uno de los principales ideólogos del capitalismo en esta fase globalizadora de imposición de un nuevo orden mundial desde la década de los sesenta del siglo pasado: ”como ente artificial, la empresa no tiene responsabilidades naturales. La única responsabilidad empresarial es aumentar las ganancias; respetando, claro está, la ética”.
El problema más importante para el capitalismo mundial, definido desde los años setentas por sus líderes mundiales es que al CAPITALISMO LE SOBRA GENTE, QUE NI LE PRODUCE PLUSVALÍA, NO CONSUME LO SUFICIENTE Y POR ENDE NO LE PRODUCE GANANCIAS Y SOBRE TODO CREA PROBLEMAS DE HAMBRE, ENFERMEDADES, VIVIENDA, AGUA ,ENERGÍA, ETC. LO QUE AUMENTA LOS COSTOS GLOBALES DEL CAPITAL Y REDUCEN SUS GANANCIAS.

La cuestión de detener o minimizar el crecimiento poblacional como problema principal para el capitalismo, obedece, por lo tanto a una profunda razón económica, que origina una consecuencia política: los únicos interesados en cambiar esta sociedad y sistema, tengan conciencia o no de ello, son los asalariados, los marginados del mundo que cada día aumentan su número y son conducidos a peores situaciones de hambre, miseria y pobreza. Las clases medias, especialmente ligadas a la reproducción del capital necesarias para este, por cuanto en el proceso productivo defienden y cuidan sus intereses y una buena parte de la clase obrera, especialmente en los países del centro, están hoy más interesados en mantener el empleo y la jubilación que cambiar el sistema o hacer una revolución, por lo que el gran enemigo para el capital sigue siendo esa masa que crece día a día como el producto más típico de su desarrollo, el marginado, el excluido esa suerte de semiproletario, mitad trabajador y con un pie en el lumpen, que no tiene nada que perder y un mundo por ganar.
Este producto social del desarrollo capitalista -los marginados y excluidos- ya fue avizorado por Marx cuando señalaba: “Esta guerra (entre capitalistas, NN) tiene la particularidad de que en ellas las batallas no se ganan enrolando al ejército obrero como licenciando a sus efectivos. Los generales, los capitalistas, rivalizan entre sí a quien más soldados industriales despide”. Esto sucedía a mediados del siglo XIX, cuando el moderno desarrollo tecnológico y científico, recién comenzaba. Hoy el capital requiere cada vez menores cantidades de mano de obra para producir las mercancías que satisfagan las necesidades de único mercado que le interesa al capital: él de los que puedan comprar sus mercancías en un mercado donde la capacidad de consumo se reduce.
No se trata de glorificar a una nueva clase revolucionaria, sabemos perfectamente la ideología reaccionaria que predomina en ellos, mezcla de pequeño propietario, con fascismo, que hoy es el soporte socio político de los gobiernos del capital especialmente en América Latina, lo que estamos señalando es un hecho perfectamente verificable a nivel mundial, los peligros de revueltas y levantamiento violentos que pueden poner en aparente peligro al capital a menudo nace de estos sectores excluidos y marginados. Por lo que limitar su crecimiento se imponen al capital, no solo como una necesidad económica, sino como una urgente tarea política. Es claro que sin la clase obrera, (incluyendo sus técnicos e ingenieros) especialmente la ocupada en los sectores de producción de bienes es imposible el desarrollo y consolidación de cualquier revolución socialista, en cualquier lugar del mundo.
El problema del crecimiento poblacional para el capitalismo se puede sintetizar en las siguientes cifras: La población del mundo llega hoy a los 6.500 millones de personas. De este total 2.800 MM viven con menos de dos dólares al día (2$). 1.200 MM viven con un dólar o menos. Esto indica que unas 4.000 MM de personas viven sin satisfacer las necesidades básicas a todo ser humano y en gran medida no son un mercado de consumo, salvo para una porción de los alimentos y medicinas.
De esta masa hay una cantidad reducida que produce plusvalía a las grandes empresas transnacionales, que explota a hombres, mujeres, niños y niñas en condiciones de franca esclavitud como son las maquilas. Las 500 grandes corporaciones mundiales donde se produce más de la mitad de la producción de bienes materiales, emplean en su conjunto menos de 50 millones de trabajadores incluyendo los empleados no necesarios para la producción material, pero necesarios para el cuido y vigilancia de los intereses de los amos capitalistas, como son los ejecutivos, gerentes, vigilantes, etc. Esto significa que para el capitalismo dado el nivel del desarrollo tecnológico en la producción, la masa de trabajadores y obreros necesarios para la producción de bienes es cada día menor en términos relativos y posiblemente en términos absolutos. La ola de despidos que hoy vemos a nivel mundial ilustra con suficiente claridad esta tendencia del capitalismo.
El mercado capitalista se concentra primero entre las propias empresas transnacionales y entre 1.700 MM de personas que según las cifras del propio capital están en capacidad de gastar entre 25 a 50 dólares diarios, y que son en resumidas cuentan los que conforman el principal mercado de consumo- principalmente de bienes personales- para la producción capitalista.
Para atender este mercado y garantizarle los servicios fundamentales el capitalismo ha demostrado con los hechos que se requiere de un número aproximadamente menor a los 2.000 millones de personas incluyendo las que conforman el mercado de consumo y las necesarias para cubrir los servicios a la minoría consumidora. Por ello todos los planes del capitalismo desde los años sesenta del siglo pasado giran en torno a la necesidad de reducir la población. En función de ello ha desarrollado las más diversas actividades criminales, desde la propagación de guerras y enfermedades, desastres y catástrofes naturales programadas y dirigida, hasta los “inofensivos“ planes de control de la natalidad. No es casual que en diversos informes de los clubes de reflexión del capital y aun en sus agencias de inteligencia se mencione que en el mundo sobran entre 2500 a 4000 millones de personas, el monto a reducir depende del grado de reacción y fascismo de la agencia o club de reflexión que recomienda la solución final.
Este problema poblacional como central para el capitalismo mundial se corrobora con otros hechos. Uno de los cuentos mas propagados por los medios de comunicación para justificar las guerras y la globalización es la necesidad de llevar el resto del mundo a los niveles de vida de los grandes países dominantes. Se trata, según este engaño, de llevar a los llamados países “subdesarrollados” a los niveles del sistema de vida americano, presentado como el estado ideal con su “democracia, mercado y aparente nivel de vida”. Las cifras y los análisis más elementales de los recursos del planeta demuestran una verdad incuestionable:
No hay Recursos naturales disponibles para que la actual población mundial alcance el nivel de vida no del norteamericano de clase media que es el símbolo del AMERICAN WAY LIFE, ni siquiera el nivel de vida promedio de los principales países industrializados, agrupados en el G-7. Todos los informes, pronósticos y hechos políticos y militares tienen una sola conclusión: Para los próximos años la brecha entre el pobre y el rico en todo el mundo y en cada país en particular se ampliará,..
Otros análisis confirma la inutilidad de esta propuesta que solo tiene un fin: garantizar una tasa de ganancias creciente, pues todos los estudios sobre la supuesta felicidad que produce un mayor consumo demuestran que en la medida que el consumidor paga por un mayor consumo, termina no disfrutándolo. El consumo a un nivel superior de cierto límite (por encima de 50$ por día), no proporciona ninguna felicidad En EEUU un norteamericano de clase media emplea 72 minutos diarios detrás de un volante o dentro de un vehiculó y 4 horas detrás de un televisor. La mayoría de los grandes consumidores que compran, incluyendo nuevas casas, apartamentos, vehículos, o vestidos estos son subutilizados o simplemente no consumidos.
El consumidor victima de la publicidad del capital tiene que invertir más horas de trabajo diarias para pagar “eternamente” la deuda o créditos que contrae y que muchas veces le da ostentación, pero no disfruta su existencia. En conclusión, el consumidor especialmente de clase media no es más que el eterno esclavo del capital a través de un consumo que lo único que tiene de certero es el pago permanente de los intereses, donde cada día disfruta menos, pero tiene que trabajar más. Del consumo de los grandes capitalistas, no hablemos por cuanto este no es consumo, sino crimen, grosería y desprecio hacia los seres humanos de cuyo trabajo sale todo ese canallesco derroche. El capitalismo y la burguesía internacional, su producción contaminante y destructiva y su consumo despilfarrador no solo son enemigos y causantes de todos los males que aquejan a la mayoría de la humanidad, sino de la destrucción acelerada de las condiciones que hacen posible la vida en la Tierra.

La conclusión es clara: Al capitalismo le sobra gente, y claro a la gente para construir una sociedad colectiva le sobra el capitalismo
En principio estamos hablando de que el problema más importante para el capital no son ni los pobres y su pobreza, ni el cambio climático y sus consecuencias, ni la crisis energética y la búsqueda de energías alternativas, sino limitar y reducir la población para ampliar sus ganancias, y tener a la disposición los recursos del planeta para la minoría dominante de fondos, bancos e industria y para la masa asalariada mínima que le sirva como productora de plusvalía, prestadora de servicios y eventual mercado de consumo. La actual crisis planificada por Wall Street y los sumos sacerdotes del capital financiero internacional, tiene entre otros, ese objetivo estratégico para el capital.



En conclusión, no estamos asistiendo –por ahora- al derrumbe del capitalismo o su crisis final, sino al mayor reacomodo mundial del mismo capitalismo conocido en toda su historia, lo que demuestra irónicamente que la posibilidad mundial del comunismo como realidad históricamente planetaria esta paradójicamente más cerca en términos científicos- económicos, y sin embargo cada vez más lejanos en términos políticos y de la clase o clases que sustituya a la burguesía y conduzca a la humanidad hacia una sociedad sin clases, propiedad privada, Estado, ni dinero.
Si una minoría, como los banqueros de Wall Street han podido planificar un 11de septiembre y luego esta crisis para reorganizar la producción y consumo a nivel mundial, estos hechos constituye la prueba más objetiva y contundente de la madurez económica del capitalismo para ser sustituido por una organización mundial de la sociedad en función no de una minoría sino de las grandes mayorías. La crisis actual prueba que la planificación mundial de la economía en función de las necesidades colectivas, y no de la ganancia de una minoría, no solo es posible, sino absolutamente necesaria. Hoy más que nunca el dilema entre civilización o barbarie, capitalismo y comunismo es una vez más el problema central de la humanidad. La reorganización del capitalismo a la cual asistimos, tal vez pueda ser la última oportunidad para la humanidad, antes de la llegada de una nueva época de oscurantismo y terror, que dejaran como juegos de niños, las épocas de barbarie del pasado.

Esta semana las agencias de noticias mundiales han difundido la noticia: Existen 1.020 millones de persona pasando hambre en el mundo, cien millones mas con relación al año anterior, en esta lacónica noticia se resume como el capitalismo cumple inexorablemente con su política de exterminio de la poblacion, pero ella misma nos dice que la única salida que tiene la humanidad a este precipicio adonde el capitalismo la conduce es sencillamente la revolución socialista como primer paso y escalon hacia una sociedad mundial de seres humanos libres.

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