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“Yo he sido tierra desangrada y tan solo me han restañado mis heridas con el falso bálsamo de un utópico progreso donde la verdadera cultura ha sido nula. Mis hijos tan sólo se han contentado en ver alzarse tormentosos, chupadores de mi savia. Me han llenado de úlceras; pero hoy me he sentido con mi corazón repleto de alegría y esperanza ante la presencia de este evento que me ha traído un mensaje de un porvenir espiritual que redundará en progreso material, también. Así lo dice hoy la ciudad de Cabimas en este día glorioso”. Salvador Valero. Cabimas 1970.

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PUEBLO ellos SON:
NO te dejes engañar, un DISCURSO con otra ACCION = FASCISMO
Víctor Manuel Rodríguez /EICP/ANMCLA Táchira.
La horizontalidad en la comunicación nos permite establecer una relación de iguales entre los diferentes participantes en el evento comunicacional, lo que se puede traducir en una democratización en el intercambio de mensajes que alimentarán los conceptos que manejamos.

En este sentido, se debe considerar que la comunicación no está disociada de la formación, y viceversa. En ambos aspectos los elementos se complementan y retroalimentan de tal forma que hacen posible la emisión, la recepción, decodificación, interiorización de los mensajes para su posterior reproducción a nuevos circuitos de comunicación.
Estos circuitos de comunicación, alimentan un flujo de comunicación que nutrirá las diversas células del colectivo.

Si tomamos al colectivo o grupo como un ser vivo, más allá de las individualidades de sus integrantes, lo valoramos como un núcleo vital que responde a impulsos y necesidades comunes a sus integrantes.

En este orden, la comunicación se transforma en el nutriente de este nuevo ser, así como para el hombre lo es el alimento para su sustentabilidad y desarrollo orgánico y emocional.

Para alimentar correctamente a este ser vivo grupal, es necesario pues ensayar estrategias que nos permitan sostener las acciones comunes que lo conformaron y las metas constitutivas como hilo conductor para su accionar en la sociedad.

El producido de este colectivo puede ser variado y sus resultados estarán en concordancia con las respuestas de cada uno de sus integrantes a los requerimientos de acción previamente definidas.

Como un nervio motor, la comunicación obra en el grupo como eje encargado de llevar y traer mensajes que se transforman en acciones concretas para cada parte de su anatomía grupal.

Como todo organismo vivo, éste debe ser ejercitado para el cumplimiento cabal de sus funciones de forma natural y sin desgastes que puedan ocasionar trastornos que vengan a menguar el aporte individual al colectivo o directamente resquebrajen sus metas.

La labor de los educadores puede pues compararse con entrenadores, para que colectivamente se logre el estado “físico” deseado para la acción práctica sostenida sobre la base de un sustrato ideológico conceptual que permita analizar, evaluar, planificar, ejecutar y repotenciar las propuestas de trabajo para mantener el nivel de interés alto y la interrelación con los demás núcleos sociales.

Interrelacionar educación con comunicación se torna pues un elemento indisoluble en la conformación del espíritu crítico y propositivo del ser humano en formación, potenciando un colectivo de áreas del aprendizaje que van más allá de las herramientas puntuales que puedan manejarse para el acercamiento a los resultados esperados.

Transitar por este tipo de educación nos pondrá en camino hacia la propuesta del pedagogo brasileño Paulo Freire cuando hablaba sobre la “educación para la libertad”.

Si entendemos a la libertad como la posibilidad cierta de cada hombre o mujer de decidir sobre la realidad donde desea vivir y proyectarse, más allá de las condicionantes positivas o negativas del entorno, cabe a los facilitadores populares la misión de acercar las instancias necesarias para que los caminos hacia esta transformación sean viables.

Las coordinaciones multidisciplinarias con los diversos actores educativos y los elementos comunicacionales latentes en la comunidad, deben formar parte del cotidiano del estudiante, como elemento detonador del pensamiento crítico y del obrar propositivo frente a los diversos desafíos que el entorno social les plantea.

Pero esto no se puede hacer si no manejamos el concepto de “comunicación horizontal”, que de la confianza necesaria para apuntalar dicho proceso.

Cuando hablamos de comunicación alternativa, se debe dar el debate permanentemente sobre la dicotomía que se plantea entre lo estatuido (o conocido) y lo transformador (o alternativo), que debe ser por esencia “alterativo” de los criterios usualmente aplicados para la resolución de los conflictos comunicacionales existentes.

Debemos pues estar claros que la comunicación como tal, no se encasilla “per se” en un medio contenedor de su estructura, sino que por el contrario abarca a los posibles medios que pueden venir a servir como vehículo para la transmisión de los mensajes.

La comunicación como “nervio” social no puede circunscribirse a uno o a algunos de sus elementos motores, sino que por el contrario debe entendérsela como creadora de esos espacios estratégicos para vehiculizar sus “impulsos sociales”.

Para fomentar la comunicación horizontal se debe priorizar la participación de los integrantes de la comunidad, en una forma amplia y diversificada. Esta diversidad posibilitará acceder a las múltiples visiones, o “impulsos” que se generen en la sociedad y que, catalizados por los nervios comunicacionales, transmitan las sensaciones contenidas en el imaginario social, de forma que una vez decodificado esos mensajes puedan conformar un discurso colectivo que responda a sus necesidades organizativas.

Para esto se necesita una participación activa y consciente del colectivo en la sustentabilidad de los flujos de comunicación en los distintos niveles de organización.

Esta participación servirá como columna vertebral del proyecto social a emprender, de la mano de las materializaciones teóricas en el campo de la acción y conquista práctica en el hilvanar consciente del relacionamiento comunidad, comunidad educativa y medios.

No obstante lo cual, se debe tener presente la atención en la capacidad comunicacional y en la estructura de funcionamiento interno de cada una de sus áreas, para valorar periódicamente la salud de los citados “nervios” comunicacionales, para así poder prevenir a tiempo posibles fallas que hagan peligrar el contexto general.

Para esto, cada miembro del colectivo debe estar preparando para valorar los aspectos negativos y positivos de la organización y conocer y activar los resortes que potencien o rectifiquen los elementos constatados, a tiempo y sin trauma.

De esta manera la aplicación del trabajo en grupo determina una segmentación necesaria, que no debe entenderse como burocratización del colectivo, sino como factor de detección precoz de los posibles elementos adversos, y paralelamente servir como engranajes dinamizadores de acciones puntuales constantemente en activación para alcanzar niveles mas altos de integración y cohesión grupal.

Desde los grupos más elementales de trabajo, la estrategia de comunicación horizontal y de participación permanente debe aplicarse con la rigurosidad necesaria para que sobre su accionar se puedan construir, como si cimientos fueran, las consiguientes estructuras del colectivo, que darán forma al proyecto originalmente pensado.

Nada de esto podrá ser valorado si no se ensayan estrategias de participación genuina, y la estructuración de proyectos que se basen sobre la propiedad social de los medios de comunicación, la estructuración de planes de financiamientos populares autogestionarios, las instancias de capacitación endógenas y de solidaridad de experiencias con otros colectivos en formación.

Sumado a esto hay que transversalizar la comunicación, de forma consciente por un número cada vez mas importante de individuos y colectivos de la comunidad, que permitan entender la envergadura de la comunicación como un elemento de transmisión cultural y de satisfacción de las necesidades “socio-orgánicas” de flujo y reflujo de los sentimientos e impulsos de cada uno de los integrantes del ser social.

Al entender del uruguayo Mario Kaplun





la comunicación es el proceso de interacción social democrática que se basa
sobre el intercambio de símbolos por los cuales los seres humanos comparten
voluntariamente sus experiencias bajo condiciones de acceso libre e igualitario,
diálogo y participación”.



Reforzando este concepto en la Venezuela actual, donde la democracia participativa está llamada a jugar un rol protagónico, no se puede desconocer el efecto dinamizador de la comunicación en el tejido social, por lo cual se debe apostar más que nunca a una “comunicación participativa y protagónica”.

Comunicación ésta que democratice no solamente el acceso a las herramientas de comunicación (como radios, televisoras o periódicos populares) sino que articule y promueva instancias de formación permanente y de intercambio socio-educativo-popular para la sistematización de las experiencias de los diversos colectivos, como aportes ineludibles para la construcción de los mensajes alternativos.

Hemos vivido nutridos por mensajes comunicacionales que responden a intereses divorciados con los saberes y necesidades populares y esto ha determinado que cada uno de nosotros –en diferentes escalas y niveles- asumamos en alguna parte de nuestro accionar cotidiano, como propios esos mensajes que nos han dejado de ser ajenos a fuerza de imposición comunicacional mal entendida.

El elemento “impositivo” en los flujos de comunicación responden a intereses de dominación desde los sectores que a conciencia tienen claro la “nocividad” de su aplicación social, pero sobre los cuales persisten en busca de réditos económicos, lejos de las ganancias sociales que prioriza la comunicación popular, libre y alternativa.

Por su parte, el camino hacia una esfera dominante de una comunicación alternativa y popular desprecian el carácter impositivo en sus mensajes, apostando al convencimiento para el manejo de sus discursos comunicacionales.

Ese “convencimiento” de la necesidad de los cambios y de la conformación de una nueva red de comunicaciones populares y alternativas es fortalecido en las bases populares por el descubrir constante del “si se puede” en la interacción comunicación-formación.

Es imperioso que las herramientas sociales estén al servicio de la sociedad y no a la inversa, como hasta el presente. Los aprendizajes académicos deben ponerse al servicio del desarrollo del colectivo en una visión holística y solidaria, en contraposición con la educación individualista, egocéntrica y ególatra de la búsqueda del ascenso social a costa del empobrecimiento de las grandes mayorías.

En esto, la comunicación debe jugar –como de hecho ya lo está haciendo desde meritorios proyectos revolucionarios- un papel neurálgico en la síntesis de teoría y praxis social, que permitan en crecer haciendo y el hacer creciendo.

La perfección de los colectivos sociales es una utopía que nos debe servir para caminar hacia ella, pero no puede actuar como óbice para detener el camino hacia su conquista.

El carácter humano es de por sí imperfecto, pero si posee el don de la perfectibilidad que debe nutrir al accionar colectivo, como dinamizar de los más altos valores creativos.

Y cuando hablamos de creatividad no nos referimos ni remotamente a la creatividad para copiar los viejos modelos y reproducirlos desde las estructuras creadas y conquistadas desde las luchas populares, sino por el contrario, esta creatividad debe estar signada por la constante y crítica búsqueda de la innovación en cuanto a lo organizacional de la mano de la comunicación en manos del poder popular.

Solo de esta manera se logrará el empoderamiento del poder popular en la comunicación, y dejará de depender de las estructuras comunicacionales dominantes para hacer transitar sus mensajes.

Sabedores de las manipulaciones, negaciones y combate que se le hace desde las esferas de poder fáctico que aún conservan un margen de acción alarmante en nuestra Amércia Latina a las luchas de los colectivos organizados, sería suicida no armar ideológicamente a las estructuras que estos colectivos se han venido dando para satisfacer sus necesidades de circulación comunicacional a la altura de sus requerimientos.

Este soporte ideológico-comunicacional popular debe transformarse en el tejido nervioso de las estructuras alternativas de comunicación que se establezcan en los más diversos espacios sociales donde sus integrantes se organicen y construyan sus herramientas de liberación comunicativa.

Ahora bien, estas herramientas liberadoras solo cumplirán a cabalidad con su misión cuando quienes la promueven no las secuestren corporativamente para satisfacer intereses de unos pocos en desmedro de la comunidad. No cumplirán sus objetivos si no son capaces de articular acción con democratización de los saberes en la comunidad donde hacen vida. No serán fieles a sus principios si reproducen en escala hipodimensionada a los modelos que usa el opresor para cumplir su objetivo dominador.

Sobre esta base parte la impostergable necesidad de generar a la par de la apertura y sostenibilidad de los medios alternativos, la articulación de consejos editoriales populares producto de los más sinceros debates analíticos de los por qué y para qué tener estructuras comunicacionales propias en la comunidad.

Una vez logradas esas estructuras, esos consejos de contenidos deben permanecer activos para definir los mensajes y construir colectivamente el discurso que tendrá el medio en su accionar cotidiano.

La comunicación alternativa conlleva en sus genes un desafío aún mayor que establecer mayores flujos de comunicación a la interna de las organizaciones, o al gerenciamiento popular de los medios que se decidan activar para interactuar entre los diversos grupos de intereses del colectivo, sino que paralelamente se debe plantear el desmontaje de una estructura mental arraigada en los integrantes de la comunidad que muchas veces no entenderán los propósitos ulteriores de los logros inmediatos o mediatos.

No se puede pues caer en la mediatización de los medios alternativos, sino que por el contrario el medio debe ser carne y uña de la sociedad que lo alberga y éste debe brindar y estar dispuesto a recibir ese saber popular.

La utilización no obstante de las nuevas tecnologías aplicadas a la comunicación popular y liberadora, debe jugar un papel integrador que venga a consolidar las experiencias almacenadas en colectividades que quizás no comparte geográficamente, pero que socialmente mantienen una identidad tal que puede posibilitar adaptabilidad de respuestas a las interrogantes que hoy frenan desarrollos posibles en la comunidad y viceversa, ser nutrientes de respuestas a otros colectivos en proceso de consolidación de sus proyectos organizativos.

En ese orden, el sistema educativo, la red de medios alternativos, los profesionales, trabajadores, estudiantes, etc; están llamados a jugar un papel integrador irrenunciable a la hora de compartir solidariamente sus conocimientos individuales para construir el saber colectivo, que necesita ese nuevo ser del que hablábamos al inicio de estas líneas.

Por consiguiente, no es menester solamente engendrar nuevas estructuras sino que una vez “paridas” se debe dotarlas de todos los valores morales y éticos de rigor para que vengan a responder al desarrollo sustentable de los proyectos políticos liberadores que se juegan en América Latina y el Caribe.

Sin subordinación, pero si con compromiso transformador e integrador, los medios sociales y populares de comunicación están llamados a ser los engranajes dinamizadores de los procesos libertarios del hombre y la mujer nuevos, de la mano de la conquista de un pensamiento crítico, de una acción desprendida de intereses personalistas y sabedores del desafío constante de moldear el espíritu de un ser colectivo en formación, con todos sus errores y aciertos.

http://ruedadeprensa.ning.com/

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