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“Yo he sido tierra desangrada y tan solo me han restañado mis heridas con el falso bálsamo de un utópico progreso donde la verdadera cultura ha sido nula. Mis hijos tan sólo se han contentado en ver alzarse tormentosos, chupadores de mi savia. Me han llenado de úlceras; pero hoy me he sentido con mi corazón repleto de alegría y esperanza ante la presencia de este evento que me ha traído un mensaje de un porvenir espiritual que redundará en progreso material, también. Así lo dice hoy la ciudad de Cabimas en este día glorioso”. Salvador Valero. Cabimas 1970.

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PUEBLO ellos SON:
NO te dejes engañar, un DISCURSO con otra ACCION = FASCISMO
Dr. Edgar Jaimes Prof. Titular Jubilado del NURR-ULA
El objetivo de este artículo es el de iniciar un debate en torno a la sostenibilidad energética, entendida como el proceso autoregulado de transformación, consumo y disipación de la energía disponible para el desarrollo humano en sus dimensiones social, económica y ambiental

En términos planetarios, la energía útil global surgió a partir del intercambio de materia, energía e información que se estableció en la superficie terrestre desde que comenzó la vida en ella hace más de tres mil millones de años. Hasta nuestros días y, probablemente, por unas seis o siete generaciones más, esa energía será aún suficiente para sustentar la vida humana.


Esto es posible debido a la alta capacidad amortiguadora (resiliencia) del planeta tierra que, en cierta medida, ha mantenido un control en el aumento de la entropía global, principalmente la producida por la actividad humana desde sus comienzos, hace unos diez mil años, pero que en tan solo los últimos 58 años (1950-2008), ha incrementado en forma exponencial a tal punto que el calor disipado por el consumo desproporcionado de la energía útil de la tierra, sobretodo la no renovable, ya desencadenó el calentamiento global del planeta, similar al que ocurrió hace 50 millones de años que extinguió la totalidad de los seres vivientes de entonces.

Mientras tanto, son evidentes los beneficios que la energía, aún disponible, proporciona a la humanidad en función a satisfacer sus necesidades básicas, tales como el saneamiento ambiental, producción, distribución, almacenamiento y procesamiento de los alimentos, suministro de agua potable, electricidad, higiene y salud pública, además de la producción y extensión del conocimiento junto con la creación, transmisión, intercambio y acceso a la información, entre otras.

Ciertamente, según González Arriaga (Energía y Desarrollo Sostenible, 2004), citando varias fuentes, determinó que un 80% de la demanda global actual de energía proviene de combustibles fósiles, –como el petróleo (36%), el carbón (23%) o el gas natural (21%)–; la energía nuclear proporciona un 6%, las grandes centrales hidroeléctricas un 2%; las formas avanzadas de energías renovables –tales como solar, eólica y mini-hidráulica – otro 2%; mientras que la utilización tradicional de biomasa –forma principal de suministro energético de los 2.000 millones de habitantes menos desarrollados energéticamente–, representa el 10% restante..
En artículos anteriores he analizado el problema de la pobreza y el hambre en el mundo. Nuevamente surge esta preocupación ya que está muy relacionado con la desigual distribución y usufructo de los recursos energéticos. En efecto, poco más de un tercio de la humanidad, esto es, 2.250 millones de personas, no tienen acceso a las formas avanzadas de energía: electricidad o combustibles líquidos o gaseosos. Por el contrario, los 30 países más ricos del mundo, que integran la OCDE –la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico–, con cerca del 15% de la población mundial consumen el 53% de estas formas avanzadas de energía, contaminando la biosfera con emisiones de dióxido de carbono (CO2) a una tasa de 12,4 toneladas por persona, mientras que en los países de medianos ingresos éstas son de 3,2 toneladas y en los de ingresos bajos de 1,0 tonelada, siendo estos últimos los más vulnerables a los impactos ambientales adversos, como son los efectos anticipados del cambio climático mundial.

Esto significa que la necesidad de disponer de una cantidad suficiente de energía avanzada o de alta calidad, debería ser considerada como uno de los derechos humanos fundamentales en el siglo XXI. De allí que la seguridad del abastecimiento energético y el precio de la energía son factores imprescindibles para el desarrollo socio-económico. Sin embargo, también está demostrado que muchas de las formas actuales de producción y consumo de la energía reducen la capacidad de sustentación de la biosfera, entonces es pertinente preguntarse: ¿Cuan sostenible es la tasa actual de producción-consumo de energía, particularmente la de los 30 países más ricos?

En una sociedad dirigida por la alta entropía, como la actual, lo característico es la maximización del flujo energético, es decir producir energía para satisfacer no solo necesidades humanas básicas sino los consumos de lujo. En síntesis, el sistema energético actual es insostenible por razones de equidad y por problemas ambientales, económicos y geopolíticos que tienen implicaciones a muy largo plazo.

En este sentido, es pertinente destacar tres problemas asociados con este elevado flujo de energía, indicados en el Informe Mundial de la Energía (2000), esto es: 1º) Los combustibles avanzados y la electricidad no son universalmente accesibles, lo que constituye una desigualdad que tiene implicaciones morales, políticas, éticas y estéticas en un mundo cada vez más globalizado. 2º) El sistema energético actual no es lo suficientemente fiable o asequible económicamente como para soportar un crecimiento económico generalizado. La productividad de un tercio de la humanidad está seriamente comprometida por la falta de acceso a las formas avanzadas de energía y tal vez otro tercio sufre penalidades económicas e inseguridad a causa de un suministro energético poco fiable. 3º) Los impactos negativos, –tanto a nivel local, como regional y global–, de la producción y del uso de la energía amenazan la salud y el bienestar de la generación actual y de las futuras.
jaimes@ula.ve


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